Aunque el nombre más antiguo de esta Villa es el de Santa María de Guadalupe, su nombre proviene del vocablo árabe algar, que significa cueva, con el que se identificó toda una zona de grutas en el Medievo.
Pese a sus orígenes como foco de asentamientos, la fundación de Algar como población se debe a Don Domingo López de Carvajal, vizconde de Carrión y marqués de Atalaya Bermeja en 1773.
Dicho noble adquirió las tierras del Ayuntamiento de Jerez.
Cuenta la leyenda, se dice,…, que dicha fundación la realizó para cumplir una promesa que realizó cuando en uno de sus viajes entre México y España a su navío le sorprendió una gran tormenta, se encomendó a la Virgen de Guadalupe (patrona del municipio) prometiendo que si sobrevivía fundaría un pueblo en lo más intrincado de la sierra gaditana.
Y así fue; tras no pocas vicisitudes, el 13 de octubre de 1773 recibía la aprobación real de Carlos III y se constituía como pueblo Santa María de Guadalupe.
La donación se estableció con arreglo al reparto de 25 pobres de solemnidad reclutados entre las poblaciones de Bornos, Ubrique, Benaocaz y Villaluenga del Rosario, en la que los favorecidos habrían de abonarle al fundador solamente la octava parte del producto anual.
A partir de entonces la trayectoria histórica de Algar se nutrió de los episodios regionales y nacionales hasta la actualidad.
Además del entorno natural, muy atractivo a nivel turístico y de gran importancia ecológica, Algar posee monumentos de diferentes estilos y características que comienzan por la iglesia de Santa María de Guadalupe, de arquitectura mejicana.