Desde la Prehistoria todo asentamiento en Barbate se ha vinculado al mar, auspiciado por el río que da nombre a la ciudad, ha posibilitado la estancia en estos lugares de gentes desde los tiempos más remotos.
Históricamente, se atribuye a los fenicios las primeras explotaciones de los recursos de forma organizada.
Fueron ellos los que implantaron en las costas el sistema de la almadraba, introduciendo al antiguo Barbate en el llamado circuito del Estrecho.
Posteriormente serían los cartagineses los que tomarían el relevo y, a partir de entonces, allá por el siglo V a.
C., son los griegos los que comenzarían a mencionar el garum (especie de salsa elaborada a partir de atún, morena y caballa) procedente del litoral gaditano.
No se sabe con seguridad la fecha del asentamiento feno-púnico en Barbate.
Seguramente en cualquier fecha posterior al siglo X a.d.C., en la que ya están en las inmediaciones de Cádiz (Doña Blanca –El Puerto de Santa María–).
Es posible que la ocupación púnica o indígena-púnica se haya efectuado de forma análoga a Bolonia, es decir, haya existido un asentamiento en algún lugar alto próximo a la ensenada barbateña previo a la llegada de los romanos.
Lo cierto es que el nombre de Baessipo, nombre conocido de Barbate en la antigüedad, es anterior a Roma (probable origen celta).
Son numerosos los vestigios de la antigua Baessipo que han podido constatarse.
La necrópolis de Barbate es conocida al menos desde el siglo XIX, y por su extensión debía responder a un asentamiento importante; en cuanto a la vinculación de Barbate a la economía pesquera, recientemente se han realizado unas excavaciones de una factoría de salazones en el casco antiguo, las cuales vienen a demostrar científicamente lo ya conocido o supuesto por fuentes escritas u orales.
Con la caída del Imperio Romano se pierden los mercados tradicionales, al tiempo que se producen dos hechos de importancia en los posteriores siglos: el triunfo del Cristianismo sobre las religiones paganas y la condición del predominio del mundo rural sobre el urbano.
Ambos se van a hacer patentes aquí con la fundación de varias ermitas, entre las que destaca la de San Paulino (actual ubicación de la Casa de la Cultura de Barbate); la de San Ambrosio (todavía conserva parte de su primitiva estructura) y la de la Oliva (a 5 Km de Barbate y en el término de Vejer, conserva el testimonio de su fundación).
La Reconquista convertirá esta zona en línea fronteriza, despoblada hasta el punto que Alfonso XI (mediados del XIV), establece el perdón a los homicidas que vengen con armas el sitio de Tarifa durante un año y un día.
Parecida suerte debieron de tener las almadrabas, pues en poco tiempo adquirieron fama por la baja ralea de su gente.
Las tierras conocidas como Hazas de la Suerte formaron parte de aquellos incentivos que concedieron los reyes en su deseo de proteger la frontera y repoblar la zona.
En la larga guerra contra los árabes tiene su origen la Casa Ducal de Medina Sidonia, que extenderá sus dominios por toda la comarca y explotará sus almadrabas.
Expulsados definitivamente los árabes, en las costas se erige en el siglo XVI junto al río Barbate el Castillo de Santiago, destinado a proteger su entrada, además de levantarse por orden de Felipe II una serie de torres-vigía a lo largo del litoral de las que pertenecen en los alrededores la del Tajo, Meca y Camarinal.
Durante todo el siglo XIX la localidad pasa por ser una pequeña y humilde aldea de la que apenas queda constancia, como la de un incendio que la asoló (mediados del XIX) cuando apenas contaba con cincuenta vecinos.
Con la explotación de las almadrabas por la familia Romeu a finales de XIX, se produce el gran revulsivo que la economía local necesitaba, multiplicándose la población por veinte en poco tiempo.
A principios del XX Serafín Romeu Fages, costeó o ayudó a financiar varios edificios, como el Pósito de Pescadores, el actual cementerio o un colegio a las afueras del pueblo.
Mientras tanto, la gran actividad pesquera desplegada por la villa en las costas norteafricanas lleva a un apogeo económico y social que la convierte en el segundo puerto pesquero de España por volumen de capturas, superando en población al municipio matriz de Vejer por vez primera en su historia.
De esta época han quedado en la memoria colectiva personajes como, además de Serafin Romeu, el escritor Miranda de Sardi, el empresario Aniceto Ramírez, el farmacéutico Tato Anglada...
Ellos promovieron la salida a la luz pública de tres diarios: El Heraldo de Barbate, La Independencia de Barbate y El Destello.
Todos lograron concienciar a una gran parte de la población de la necesidad de independizarse del municipio matriz de Vejer.
Esta desvinculación se produjo en 1938 y Agustín Varo Varo sería el primer alcalde pedáneo de Barbate.
Se inaugura el nuevo puerto pesquero (1961), logro empañado pocos años después por las medidas restrictivas marroquíes en relación con los caladeros tradicionales de Barbate.
El crecimiento poblacional, acelerado desde la independencia, tocó techo en la década de los 60, llegando a contabilizarse a unos 25.000 habitantes.
El sector turístico, en principio minusvalorado, fue adquiriendo importancia a la vez que entraba en declive el pesquero, precisamente cuando el consumo de pescado alcanzaba en España cotas inusitadas y había ya que importarlo de otros países.
La expropiación de la Sierra del Retín (incluyendo las Hazas de la Suerte) por el Ministerio de Defensa en 1982, la declaración como Parque Natural de los Montes de la Breña y el acantilado (junto, más tarde, con las marismas) por el Parlamento Andaluz en 1988, y el fin de los convenios pesqueros con Marruecos coincidiendo con el ocaso del siglo XX, son los acontecimientos más señalados en la vida de Barbate en estas últimas décadas.