Chiclana de la Frontera

Ficha de ubicación geográfica

  • Comarca: Bahía de Cádiz
  • Ubicación: 36°25′00″N, 6°09′00″O
  • Altitud: 6 m.s.n.m.
  • Distancia de la capital: 26 km (por carretera)
  • Superficie: 205,5 km²
  • Población: 83.341 habitantes (2014)
  • Gentilicio: Chiclanero, -ra

Breve reseña histórica

La presencia humana en el actual municipio de Chiclana de la Frontera, se remonta al período del Achelense y de manera continua hasta la Edad del Bronce.

Son varios los yacimientos arqueológicos que así lo atestiguan como: el poblado de La Mesa, el litoral y la zona de la Loma del Puerco, la zona de la Esparragosa y la ribera del río Iro.

Fueron los fenicios los que descubrieron las costas chiclaneras hacia el final de la Edad del Bronce erigiendo en la isla de Sancti Petri un templo dedicado a su dios Melkart.

Tras ellos, arribaron los griegos hacia el 594 a.

C. usurpando a los fenicios el monopolio de la ruta comercial de los metales; pero fueron los cartagineses, con su presencia militar, los que se establecieron en estas latitudes definitivamente, fundamentalmente en la vecina Gadir.

La dominación y colonización romana, también dejará su huella en el término chiclanero en la zona de El Fontanal y sobre todo en el litoral, resurgiendo el culto en el templo del islote de Sancti Petri dedicado al dios-héroe, Hércules.

A partir del siglo IV de nuestra era, los restos arqueológicos son escasos, salvo pequeñas excepciones como los encontrados en la Mesa, del período medieval árabe.

Así, se desconocen noticias históricas desde las invasiones germánicas hasta la reconquista.

No obstante, sí existen datos históricos y revelan que, en la Alta Edad Media, Chiclana fue pueblo de frontera entre cristianos y musulmanes.

De la misma manera existe constancia documental de la formación del señorío de Chiclana tras el asedio de la ciudad de Tarifa en 1294 por los benimerines y la gesta heroica de Alonso Pérez de Guzmán "El Bueno".

El 15 de mayo de 1303 el rey Fernando IV dona a Guzmán "El Bueno", la aldea yerma de Chiclana.

El crecimiento de la población será continuo desde 1507 y no decrecerá hasta la crisis demográfica de 1571 y comienzos del siglo XVII.

En dicho siglo y en el siguiente, las epidemias fueron en aumento, aunque la más devastadora fue la del año 1731.

Su proximidad a Cádiz, su clima benigno mediterráneo, además del trato amable de sus gentes harían de Chiclana el lugar escogido por la clase acomodada de Cádiz para su descanso.

Todo ello unido a su condición de ciudad abastecedora de productos de sus campos y huertas, incidirán positivamente en el desarrollo de la Chiclana del siglo XVIII.

Íntimamente ligado a este comercio se encontraba el viñedo, que ya despuntaba en el siglo XVI, aumentando su producción con la expansión de nuevas zonas y la exportación de sus caldos a Europa y a América.

Durante el siglo XVIII, la ciudad irá tomando un aspecto urbano.

Así, su actual casco antiguo data de éste período con importantes edificios civiles como la Torre del Arquillo del Reloj y los palacetes de los Conde del Pinar, el de las Cinco Torres y la casa del Conde de la Torre.

En el último tercio del siglo dos obras arquitectónicas de carácter religioso se erigirán sobre la ciudad: la iglesia parroquial de San Sebastián y la Iglesia Mayor de San Juan Bautista.

También siglo será rico en chiclaneros sobresalientes.

El magistral Antonio Cabrera, eminente orador y prestigioso naturalista y los precursores de la escuela taurina chiclanera, José Cándido y su hijo Jerónimo José Cándido.

El siglo XIX, comienza con una terrible epidemia de fiebre amarilla, que paralizará la construcción y mejora de la ribera del río, de los caminos y de los canales fluviales.

Uno de los grandes proyectos de aquellos años sería la construcción del Balneario de Fuenteamarga, pero la invasión napoleónica iba a dejar inacabadas las obras, mientras la villa se convertía en un gran campamento militar de las fuerzas que sitiaban a Cádiz.

El 5 de marzo de 1811 tiene lugar la batalla de Chiclana o de la Barrosa, entre tropas aliadas hispano-británicas y francesas y cuyo objetivo principal era levantar el asedio a la capital gaditana.

Tras veintidós meses de ocupación francesa, en agosto de 1812, la ciudad retoma la vida diaria en libertad.

La entrada en el siglo XX no será fácil para sus habitantes; la aparición en el viñedo de la filoxera y su consiguiente crisis económica y social harán de éstos, unos años perturbadores en lo social, en los que Chiclana logrará superarse y sobrevivir.

Ante la inquietante coyuntura socioeconómica, se formarán las primeras organizaciones anarcosindicalistas y años más tarde, en 1914, el Padre Salado, fundará el Sindicato de Obreros Viticultores de Chiclana.

El advenimiento de la República y sus intentos de elaborar una Reforma Agraria provocará un inusitado interés en muchos de los jornaleros chiclaneros, pero el fracaso republicano en ella y la sublevación de julio de 1936, desembocará en una guerra civil que terminará con las escasas expectativas despertadas por la República.

Una guerra fratricida y una dictadura de casi cuarenta años modificarán el campo de Chiclana en el transcurso de la segunda mitad del siglo XX.

Sin embargo, un pueblo que durante siglos había subsistido casi exclusivamente del viñedo como monocultivo, cambiará su modo de producción en la década de los años 70 con la aparición de la crisis agropecuaria y la de las salinas, otro de los cultivos ancestrales del término municipal.

Al mismo tiempo, la crisis energética conllevará a modificar las actividades económicas y Chiclana iniciará un nuevo período de desarrollo, transformándose en una ciudad industrial y de servicios, mientras disminuía ostensiblemente el cultivo de la vid.

Esta incipiente industria se verá incrementada con el sector de turismo y ocio.

Los años 80 y 90, serían años de consolidación de ambos sectores y será cuando la ciudad experimente un importante progreso económico, social, cultural, educativo y demográfico.

En los años siguientes, se incrementará la oferta industrial con nuevos polígonos industriales para la mediana y pequeña industria, así como la construcción de diversos hoteles y campos de golf, en el sector del turismo.