Desde las hachas prehistóricas hasta las diversas clases de monedas que afloran en los campos, no son sino la huellas de la presencia del hombre desde los antiguos tiempos y luego muestra indudable de la presencia de las antiguas culturas y civilizaciones que pasaron o moraron en el término, muestras de la presencia ibérico-tartesa, púnica, romana, goda y árabe hasta llegar a 1485 en que con la caída de la capital serrana, Ronda, todas las aldeas y alquerías moras, entre las que estaban las bosqueñas, pasarían a la posesión cristiana y, desde el 11 de enero de 1490 a la casa ducal de Arcos, la cual repoblaría con cristianos las siete villas en 1502, y como alquería pedánea, como confirman en 1752 sus habitantes al definirse como donadío.
Se fundó la primera Marchenilla que se abandonará posteriormente y se crean dos núcleos de población, uno que se resistirá a acogerse al protectorado ducal conocido como Barrio Baxo, y otro alrededor del núcleo del palacio de El Bosque de Benamahoma que será finalmente el que los atraiga mediante concesiones de tierras y derechos forales en el monte y de aguas, propiciando el abandono y la desaparición del núcleo urbano citado anteriormente, que curiosamente se radicaba en el lugar de asentamiento de culturas anteriores.
La Guerra de Independencia marca un antes y un después en la vida local.
El pueblo a la par que lucha por la independencia frente a un invasor extranjero, lucha y consigue su propia independencia por los méritos de guerra frente a sus dueñas las villas hermanas: Grazalema, Ubrique, Benaocaz y Villaluenga del Rosario; las cuales, pese a sus protestas ante la Regencia, se ven obligadas a darle la independencia.
La intervención bosqueña en la guerra fue decisiva y el apoyo del ejército español a esta pequeña aldea es fundamental a la hora de agradecer los servicios prestados.
El siglo XIX será a nivel local una constante revolución amparada en las ideas liberales de los viejos luchadores de la Independencia y, más tarde, influida por las ideas de asociacionismo obrero, que hicieron estar al pueblo en la lucha por el progreso social y ciudadano y participando en todos los movimientos sociales de carácter socialista, republicanos, anarquistas o revolucionarios.
Esa lucha externa se funde aquí también con la lucha en defensa de sus derechos históricos y forales, que será también una constante del siglo XX, ante el desmoronamiento del poder de la casa ducal de Osuna, como heredera del ducado de Arcos, a finales del siglo anterior e inicios de este, y frente a los nuevos poderes caciquiles emergentes y surgidos en la Restauración, con una explosión popular en defensa de sus derechos en el monte Albarracín, a inicio de los veinte y coincidiendo con el final del Trienio Bolchevique.
Llega, en la Dictadura de Primo de Rivera, con Paco Diz, el pueblo al poder local y se vive una época de esplendor ciudadano que tendrá su final en el baño de sangre surgido de la revuelta militar del 18 de julio de 1936.
Con dos precedentes en el intento de asesinato de Paco Diz y en el asesinato del líder sindical José Gil García.
Dentro del Franquismo surgirán dos alcaldes que son los artífices del resurgir de la villa y son los que pondrán, con unos concejales y un pueblo entregados, los fundamentos de El Bosque moderno: Blas Ramírez Franco y Antonio Ramírez Camacho, que son los que crean los cimientos que han hecho al pueblo ser reconocido, por su belleza y por sus producciones a muchos niveles: muebles, chacinas, turismo, etc., dando paso a una época de esplendor.