Los orígenes de la ciudad de Jerez de la Frontera aún hoy en día siguen siendo polémicos.
Para algunos investigadores, la ciudad fue un centro del antiguo Imperio Tartésico.
Para otros, el origen se entronca en su relación con la primitiva colonia fenicia en el Serit o Ceret, nombre con el que acuñó monedas y que, al transcurrir el tiempo se fue cambiando por el de Seritium o Xeritium de los latinos; el Sheres, Xerez, Xerez Sadunia árabe hasta llegar, pasando por los de Xerez Sidonis, de Sidonia o Seduña, al actual Jerez de la Frontera.
Lo cierto es que en Jerez se asentaba una población antes de la llegada de los romanos.
Los hallazgos en Asta Regia, hoy Mesas de Asta, a 1 km de Jerez en la carretera en dirección a Trebujena así lo demuestran.
De estos orígenes un poco nebulosos comienza a surgir un núcleo urbano que se convierte en una ciudad codiciada ya en la época de dominación islámica.
Cuando verdaderamente tiene ya importancia Jerez como ciudad es en tiempo de los árabes.
Parece que no debió ser anterior al siglo IX, adquiriendo su definitiva fisonomía urbana en torno a los siglos XI Y XII al construirse la muralla y el Alcázar, que son de época almohade.
Por ello, a partir de aquí es cuando se puede empezar a hablar de la ciudad de Jerez en su actual localización geográfica, y es en este momento de su historia cuando nace una estructura urbana que dará lugar a la configuración del actual conjunto histórico.
Esta estructura urbanística es la que encuentra Alfonso VII cuando en el año 1133 – casi al final del período almorávide- asalta la ciudad, incendiando sus principales edificios y derribando sus muros hasta una cuarta del suelo.
Tras este asalto, la necesaria reconstrucción de la ciudad impuso un nuevo planteamiento, levantándose una cerca mucho más amplia que la anterior, que englobaría tanto el primitivo núcleo amurallado en torno del castillo, como al nuevo vecindario surgido en la zona de San Dionisio, dejando al mismo tiempo un extenso espacio libre para el desarrollo futuro de la población.
En el siglo XIII tuvo lugar la incorporación de Jerez a la corona de Castilla.
El siglo XIII fue un siglo crucial durante el cual se produjo el hundimiento de las estructuras políticas musulmanas y el consiguiente proceso de conquista y repoblación de la región por parte de los cristianos del norte.
En la época de la reconquista y repoblación de Andalucía por Fernando III y Alfonso X, que se extiende desde 1224 a 1300, se asentaron las bases de una Andalucía nueva, radicalmente transformada en sus estructuras básicas, demográficas, institucionales, económicas, sociales y culturales, como resultado de su incorporación a Castilla.
Esto conllevó una ruptura brusca con el período anterior, y la inserción dentro de un mundo y un tipo de sociedad diferentes: el cristiano europeo.
El acontecimiento más decisivo de la Andalucía occidental en los siglos XVI, XVII Y XVIII es el descubrimiento de América.
Jerez está plenamente incorporado por su posición geográfica entre Sevilla y Cádiz al territorio andaluz. ¿Cómo era la ciudad en vísperas del descubrimiento?
Se trata de una población campesina, con un término bastante extenso, bien dotada de nobles y eclesiásticos, con una importante ganadería y una relevante elaboración de vinos.
Como ciudad medieval que era aún en la segunda mitad del siglo XV, contaba con ferias agrícolas de interés, a donde concurrían los productos de su extenso entorno.
La colonia flamenco-holandesa debió tener una especial importancia, al amparo de las buenas relaciones existentes entre el Reino de Castilla y el noroeste de Europa.
Todo esto hacía que las exportaciones de Jerez y su campiña encontrarán una salida relativamente fácil, en especial los vinos, hacia los atractivos mercados de Flandes, Inglaterra, la Hansa.
Los comerciantes y hombres de negocios de estos países se establecieron en Jerez.
El vino introduce ciertos cambios en la sociedad jerezana promoviendo la ampliación del sector artesanal, en especial, el de los toneleros.
Con el Descubrimiento de América en 1492 y el posterior establecimiento del monopolio, primero en Sevilla, y a partir de 1680 en Cádiz, Andalucía occidental experimentará diversos cambios.
En el plano social, la población esclava de Jerez creció considerablemente, en parte por la facilidad para abastecerse de ellos a través de los puertos de la bahía, pero también por los beneficios y el estatus social alcanzado por los particulares.
Pero será sin duda la nobleza el sector más afectado.
En el siglo XV se contaba con un número relativamente reducido de nobles, pero el impacto americano se haría sentir provocando el acceso a dicho estamento de elementos del estado llano.
Se trata de hombres cuya fortuna se había amasado gracias a la actividad mercantil y financiera o a la exportación de caldos.
Jerez experimentó una etapa de prosperidad y auge económico tras la finalización de la guerra contra el reino de Granada, y el siglo XVI significó la apertura de ciertos sectores de la sociedad jerezana a los nuevos aires renacentistas y al pensamiento humanista que los impulsaba.
También, a lo largo del siglo XVIII el afianzamiento de Jerez como importante centro vinícola supuso el surgimiento de una poderosa burguesía y de una gran masa de proletarios.
Así se fue construyendo, a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX, un cinturón industrial en torno a la ciudad, formado por bodegas, que hoy han sido absorbidas por la ciudad debido a la expansión urbana del siglo XX.
El siglo XIX desarrolló infraestructuras de saneamiento e higiene pública.
Pero las actuaciones más importantes fueron las alineaciones de vías públicas, el efecto producido por las desamortizaciones y el nuevo perfil urbano que generó la industria bodeguera.
Las desamortizaciones de bienes eclesiásticos produjeron el surgimiento de los nuevos espacios abiertos tras la destrucción de un grupo de conventos, que supuso la alteración de una parte del tejido urbano medieval para la creación de nuevas plazas.
La proliferación de bodegas durante el siglo XIX fue espectacular.
El intramuros continuaba nutriéndose de bodegas, provocando la pérdida de casas habitadas.
Una serie de medidas dictadas por el Ayuntamiento para regular el proceso constructivo bodeguero en 1837 y 1842 prohibía la edificación de bodegas en el casco antiguo.
La instalación de la estación de ferrocarril en 1854, y dado el alto nivel de producción de las bodegas, se creó en 1870 una vía férrea urbana para facilitar el transporte de los vinos hasta la estación de ferrocarril.
La industria del vino generó el asentamiento en la ciudad de una burguesía que en algunos casos optó por instalar sus viviendas en el extrarradio.
El alumbrado de gas se inauguró en 1860; la conducción de agua desde el manantial de Tempul a la ciudad fue en 1869.
El teléfono se estableció en 1889 y en 1891 la Compañía Jerezana de Electricidad.
Habrá que esperar a los años de posguerra para el desarrollo, a través de proyectos de ensanche, de una serie de barrios, muchos de ellos destinados a la clase obrera.
En 1982 se elaboró un Plan Especial de Reforma Interior del Casco Antiguo (PERI).
Urgente necesidad de frenar las actuaciones en el casco antiguo, dado que no se tenían en cuenta los valores patrimoniales.
Se trataba de recuperar el casco histórico de la ciudad como Patrimonio Colectivo, controlar el desplazamiento y especulación, rehabilitar edificios antiguos, conservar la arquitectura popular, recuperar lienzos y torreones de la muralla, así como respetar el tejido urbano.
En 1984 se ejecuta un Plan de Ordenación Urbana cuyo principal objetivo es de equipamientos e infraestructuras (Circuito permanente de Velocidad, 1986).
El último Plan ejecutado en 1985 está orientado a la ciudad del futuro.
No solo se centra en la ciudad.
También lo hace en su término municipal.