Torre Alháquime, fue una de las poblaciones de la Sierra de Cádiz colonizadas por musulmanes de origen bereber, que encontraron en ella un entorno parecido al de sus tierras de origen, las zonas montañosas del norte de África.
El nombre se compone de la palabra romance TORRE y el nombre propio árabe AL-HAQUIM (sabio o letrado), respondiendo al nombre de algún caudillo árabe.
Los árabes construyeron un castillo de estilo Nazarí y fortificaron todo el recinto, situando una única entrada en el Arco.
Se habla de un Alcaide del castillo llamado Al-Haquim del que puede derivar el nombre del pueblo.
En 1327, la presión militar cristiana, que había conseguido rendir la importante fortaleza de Olvera obligó a los vecinos a abandonar la villa, buscando refugio en Ronda.
Ahora bien, la dominación cristiana de Torre Alháquime sería efímera, siendo recuperada por los ejércitos nazaríes sólo seis años más tarde.
A principios del siglo XV fue de nuevo tomada, junto a Zahara por los cristianos, permaneciendo durante unas décadas bajo el control de la familia de los Rivera, titulares del Adelantamiento de Andalucía.
Definitivamente conquistada por el marqués de Cádiz hacia el año 1485, volvería a formar parte del señorío de los Rivera hasta que quedara integrada en los estados del ducado de Alcalá de los Gazules y más tarde, en los de la Casa de Medinaceli.
Durante la guerra de la Independencia, la Torre es ocupada por las tropas francesas (1810-1812), participando los torreños en las diferentes guerrillas que se formaron en las sierras de Cádiz y Ronda.
Avanzando el siglo, la aplicación del programa libera de desamortización y desvinculación de la propiedad consolidaría la preponderancia de los Medinaceli en el término, gracias a las sentencias dictadas en favor de la Casa Ducal.
Con todo, las antiguas tierras señoriales irían siendo vendidas, dando paso a una nueva clase de grandes propietarios absentistas.
La permanencia de un régimen latifundista determinaría que los jornaleros sin tierra de Torre Alháquime, como los de otras muchas localidades andaluzas, se movilizaran para conseguir tanto una mejora en sus condiciones de vida como en última instancia, el acceso a la propiedad de la tierra que trabajaban, iniciándose entonces un periodo de conflictos que se prolongaría hasta bien entrado el siglo XX.
Durante este siglo y tras la dura experiencia de la Guerra Civil y sus consecuencias, muchos torreños se vieron obligados a abandonar el pueblo en busca de trabajo, proceso migratorio que ha ido disminuyendo en los últimos años.